domingo, 23 de diciembre de 2012

La puerta de Ishtar: el Zitkhariya


Buenas noches a todos. Acabo de terminar hace escasas horas una partida muy divertida de La Puerta de Ishtar, la primera de esperemos muchas, aunque solo haya tenido dos jugadores ¡han estado espectaculares! Pero bueno, ya habrá una reseña y tal, que se me están acumulando. El caso es que me he acordado de una cosilla, de un ritual del Imperio Hitita en concreto, que he adaptado para Kishar. Espero que os sirva para dar color y le saquéis algo de provecho ¡usadlo en las partidas!

El ritual es la evocación de los Dioses enemigos. La idea es mostrar los agravios, reales o inventados, cometidos por el adversario mediante una serie de fórmulas rituales para así justificar que la acción del evocador es justa, y que por tanto merece no solo la victoria, sino el apoyo de los dioses enemigos...a quienes también se agasaja con ofrendas, sacrificios y libaciones.
La idea es esa, y adaptarla a Kishar no es difícil.


Cuando las ciudades-estado de Akkad luchan entre si, cosa rara pero posible debido a la siempre constante presencia del Ejército Imperial, o contra la advenediza Elam los Reyes Brujos se esfuerzan por tener no solo el número y la estrategia no su parte, sino también a los mismísimos dioses, propios o ajenos. Para ello antes de la batalla los líderes de cada bando llevan a cabo un largo ritual en el que abundan peticiones que se elevan a las estrellas, sacrificios cruentos y juramentos.
Esta práctica, conocida como Zitkhariya, no es una herencia del país de Sumer sino una producción 100% akkadia, nacida 3 siglos después de la victoria del Alquimista, 312 años después si queremos ser exactos. En aquel tiempo los ensis de Barsippa y Sippar se declararon la guerra tras una serie de desgraciadas torpezas diplomáticas, muertes e insensatas decisiones matrimoniales. Aprovecharon que Sargón había reunido las fuerzas imperiales para otra campaña contra Elam dejando las ciudades-estado libres para tener su absurda guerra.
Y para asegurarse su victoria, durante una noche el ensi de Sippar elevó un enérgico alegato de defensa, mostrando las causas ajenas a su voluntad que le llevaban a la guerra, y realizó el sacrificio de media docena de sus bastardos en una gran pira, buscando así ganarse el favor del igigu Ishim-Shagshuga, patrón de Barsippa, hacer que la indiferente y cruel deidad mirase con aprobación a su ciudad. El rey brujo de Barsippa preocupado por el ritual realizado por su rival y ya no tan seguro de que Ishim-Shagshuga le fuese aún favorable decidió realizar un acto similar, buscando así reequilibrar la balanza. Finalmente ambos bandos se encontraron en el campo de batalla pero nadie recuerda quien venció, pues Sargón purgó toda memoria escrita de aquel tiempo años después.
Pero la tradición había venido para quedarse, para luego propagarse. En siglos posteriores hubo otras guerras entre ciudades-estado y en todas ellas se realizó la Zitkhariya, como se vino a llamar, pese a su más que evidente ineficacia. Bueno, en realidad hay un dios al que nunca se le ofrece Zitkhariya: Lummu-Kuzaku. Nadie quiere tener de su lado ni atraer la atención del dios del Inframundo, nadie quiere que sobre él ni sus tropas tenga sobre sí su nefasta mirada de 8 ojos.
Poco importa.
A los Igigu les importa muy poco las tonterías que hagan los mortales.



Para cada dios hay un tipo de ritual específico. He aquí un par de ejemplo.

Kuthalu: a El Que Habita En Las Profundidades se le ofrecen niños narcotizados y sumergidos en un sueño de lo más profundo en el que están presos de sus sueños. Y de la misma manera se les sumerge en agua de mar, mientras una cohorte de sacerdotes elevan cantos al poderoso Constructor.
Algunas ciudades-estado, especialmente las que viven una racha particularmente boyante, también ofrecen al igigu un edificio construido totalmente en piedra, un pequeño pero hermoso templo. Pero esto se hace en muy raras veces, y nunca prospera, debido a la hostilidad de los sacerdotes locales.

Ishim-Shagshuga: al siempre hambriento igigu se le intenta atraer mediante abundantes sacrificios. Se le consagra una enorme fogata a la que se arroja la comida de decenas de familias mushkenus, bastardos, hijas bien amadas, joyas y esposas. Algún que otro ensi ha quemado, de manera más o menos controlada, su propia mansión o más a menudo la de algún noble particularmente molesto.

Pero cuando se combate a Elam los Akkadios también realizan la Zitkhariya, pero aquí nos buscan atraer a su bando al dioses o dioses del enemigo para ganar la batalla. No, lo que quieren es atraerlos para capturarlos y hacer que los Igugi los desuellen cuando se acerquen.


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